Argumentos inductivos y su esquematización

 

Argumentos inductivos y su esquematización

Eduardo Cervantes Carreto

Introducción

Para los filósofos es importante saber argumentar, ya que nos permite reconocer cómo están configurados los discursos de diversa índole, pero sobre todo los filosóficos y darnos cuenta si son sólidos y válidos, por lo que hay que saber tanto que es un argumento, así como los diferentes tipos que existen.

En este breve ensayo tomaremos como base dos textos, a saber: Las claves de la argumentación de Anthony Weston y Argumentación: análisis, evaluación, presentación de Frans Van Eemeren et al, con la finalidad de comparar lo que cada uno dice de los tipos de argumentos y las reglas para formularlos correctamente. Esto porque “un argumento es un medio para indagar[1] la verdad o la falsedad de algo.  

          Para ello describiremos en qué consisten cada uno de los esquemas argumentativos que cada texto propone y después haremos el contraste. Esto para tener un mayor entendimiento, tanto de sus nociones como de sus aplicaciones.

Desarrollo

La lógica informal, como se le conoce a los estudios sobre la argumentación, tiene la finalidad de analizar los discursos, es decir, descomponerlos en argumentos, que a su vez se componen de premisas y conclusiones, para averiguar si están bien fundamentados, o sea, tienen argumentos válidos y sólidos o, por el contrario, son falsos o falaces.

          ¿Qué significa que sea válido? Que un argumento sea válido significa que preserva su verdad, es decir, un argumento válido se da cuando va de premisas verdaderas a conclusiones verdaderas o, lo que es lo mismo, de premisas verdaderas no se tienen conclusiones falsas. La solidez es, por así decirlo, la fuerza de las premisas. Es necesario que los argumentos sean sólidos, porque puede haber argumentos válidos, pero débiles que pueden ser fácilmente refutados.

          Ya se ha adelantado que un argumento tiene dos elementos esenciales, que son las premisas y la conclusión, así lo define Weston: “«dar un argumento» significa ofrecer un conjunto de razones o de pruebas en apoyo de una conclusión”.[2] Es decir, las premisas son todas aquellas razones que sostienen una conclusión, por ejemplo, en el argumento: Todos los seres humanos son mortales, Sócrates es ser humano, por tanto, Sócrates es mortal. Las premisas son 1) Todos… y 2) Sócrates… y soportan la conclusión de que Sócrates es mortal.

          Ahora bien, como es sabido, hay distintos métodos lógicos para evaluar la verdad o falsedad de un argumento, a saber, semánticos (tablas de verdad o reducción al absurdo) y métodos analíticos como lo es la deducción natural de Gentzen o la lógica de predicados, entre otros.

No obstante, este breve ensayo sólo se enfocará en la evaluación de argumentos desde los diferentes esquemas argumentativos como los llaman Van Eemeren y compañía, que están basados en argumentos inductivos. Puesto que: “para cada tipo de argumentación se aplican diferentes criterios de la validez.”[3] Teniendo en cuenta, por supuesto, la comparación entre lo que dicen los dos textos que se mencionan en la introducción.

          El primer contraste que se presenta es cuantitativo, pues para Weston hay cinco esquemas, a saber, 1) argumentación mediante ejemplos, 2) por analogía, 3) basados en la autoridad, 4) causales y 5) deductivos, mientras que para los otros hay solamente tres: 1) Sintomáticos, 2) por analogía y 3) de relación causal. No obstante, antes de proseguir con la comparación es necesario describir cada una de las formas argumentativas para tener un panorama completo que oriente el contraste.

Descripción

Primero se explicarán los 5 que aparecen en Las claves de la argumentación y, posteriormente, los 3 que aparecen en Argumentación: análisis, evaluación, presentación.

          Weston comienza su listado con argumentos respaldados por ejemplos. Este tipo de argumentación consiste en abonar ejemplos verdaderos para defender una idea. Sin embargo, para no caer en generalizaciones apresuradas, es necesario seguir ciertas reglas a la hora de emplear dicho esquema. Primero que nada no se debe tomar al todo por la parte, es decir, los ejemplos sirven para delimitar mayorías, porque seguro que habrá excepciones. En ese sentido, se deben hacer muestreos que proporcionen ejemplos diversa índole y que se soporten entre sí y, asimismo, hay que buscar contraejemplos.  

          En segundo lugar, aparecen los argumentos por analogía. Este esquema argumentativo: “en vez de multiplicar los ejemplos para apoyar una generalización, discurren de un caso o ejemplo específico a otro ejemplo, argumentando que, debido a que los dos ejemplos son semejantes en muchos aspectos, son también semejantes en otro aspecto más específico.”[4]

          Al igual que en el anterior esquema, Weston recalca que hay ciertas reglas que deben seguirse para argumentar correctamente con este tipo de argumentos. La primera es que uno debe asegurarse que la premisa de la que se parte para formar la analogía es verdadera, de igual modo, se deben parecer en aspectos fundamentales.

        Por ejemplo: Laura, a pesar de sus dificultades, pudo salir de sus problemas gracias a su ingenio, así como Ulises que, a pesar de las vicisitudes y peripecias que tuvo que pasar, logró regresar a Ítaca. Se establece una analogía entre aspectos importantes, como es sabido Ulises en la Odisea de Homero enfrenta a muchos problemas, sin embargo, logra su cometido gracias a su inteligencia, así Laura, logró salir de las dificultades en las que se encontraba por el mismo atributo.

          En tercer lugar, están los argumentos de autoridad. No nos es posible comprobarlo todo por nosotros mismos, en muchas ocasiones hay que fiarse de los razonamientos de otros. No obstante, para no cometer la falacia de autoridad o Ad Verecundiam, es necesario seguir ciertas pautas: Las fuentes deben ser citadas, “las fuentes tienen que estar cualificadas para hacer las afirmaciones que realizan”,[5] es decir, deben tener ciertas credenciales que los avalen, las fuentes deben ser imparciales para asegurar mayor veracidad por su parte. Una regla igual de importante es que se debe consultar más de una autoridad.

          El antepenúltimo sitio lo ocupan los argumentos acerca de las causas, que son, por así decirlo, más complejos que los anteriores. Al respecto Weston dice que: “Todas estas son preguntas acerca de causas y sus efectos: sobre qué causa qué. Son preguntas vitales. Los efectos positivos que deseamos potenciar los efectos negativos que deseamos prevenir. A veces necesitamos averiguar qué o quién es la causa de algo con el fin de felicitarle o culparle.”[6] En este esquema los hechos se correlacionan de tal modo que uno es la causa del otro.

          Sin embargo, no sólo se tienen que relacionar, también se debe explicar porqué A causa B. Esto porque siempre se debe buscar la causa más probable, además de que la correlación no implica una conexión.

          Por último Weston habla de los argumentos deductivos: “un argumento deductivo (formulado correctamente) es un argumento de forma tal que si sus premisas son ciertas, la conclusión también tiene que ser cierta. Los argumentos deductivos correctamente formulados se denominan argumentos válidos.”[7] Este esquema argumentativo se basa en formas lógicas, como lo son: modus ponens, modus tollens, silogismo hipotético, silogismo disyuntivo, dilema y reducción al absurdo.

Por poner un ejemplo de un argumento deductivo basado en el silogismo hipotético: Juan es más alto que Raúl, Raúl es más alto que Ana, por tanto, Juan es más alto que Ana.

Ahora se analizarán los tres esquemas propuestos por Van Eemeren. El primero es la argumentación basada en una relación sintomática. Aquí se apela a un rasgo, síntoma o signo distintivo de algún grupo de personas o cosas y eso ayuda a inferir que todos dentro de ese grupo la poseen: “Si el rasgo mencionado en el argumento se presenta como típico de cierto grupo, como característica de cierta situación o como una calidad inherente de cierta personalidad, en todos estos casos la defensa emplea un esquema argumentativo que se basa en una relación sintomática”.[8] Para argumentar correctamente bajo este esquema es importante que el signo sea realmente distintivo.

En segundo lugar a parecen el esquema basado en una relación por analogía, este tipo de argumentos también aparecen en el texto de Weston. Aquí se plantea que: “un punto de vista es defendido demostrando que algo mencionado en el punto de vista es similar a algo que se cita en la argumentación, y que sobre la base de esta semejanza el punto de vista debería aceptarse”.[9] Como se puede ver por la cita, no difieren mucho Van Eemeren y Weston, puesto que ambos exponen que el argumento que se quiere defender se liga a otro argumento a través de una comparación entre ambos. En ese sentido Van Eemeren y compañía escriben: “Si el caso o la circunstancia mencionados en el argumento se presenta como una analogía, como un modelo a ser imitado, o incluso como un ejemplo a evitarse, en todos estos casos la defensa hace uso de un esquema argumentativo basado en la analogía”.[10]

Una regla que se establece en el texto es que los argumentos deben ser de verdad comparables.

Por último, tenemos a la argumentación basada en una relación causal. Un poco ya se ha dicho que tiene que ver con causas y efectos, es decir, con hechos correlacionados entre sí de tal modo que uno es la causa del otro. Así lo dice el texto: “Si el argumento presenta algo como causa del efecto que es mencionado en el punto de vista, como los medios destinados a una finalidad […] se emplea un esquema argumentativo basado en una relación causal”.[11]

Para argumentar correctamente en este tipo de esquemas Van Eemeren señala que la pregunta más importante que uno debe hacerse es si realmente y siempre un hecho conduce a otro.

Comparación

Aunque cada uno tiene diferentes maneras de acomodar los esquemas argumentativos, en esencia no son tan diferentes ambos textos, ya que los dos intentan compartir las ventajas de argumentar correctamente y transmiten algunas formas de hacerlo.

          En ese sentido, el contraste entre ambos será para resaltar la similitud que tienen.

Para Weston hay cinco esquemas, mientras que para Van Eemeren sólo hay tres, dos de ellos, a saber, el esquema basado en argumentación por analogía y la argumentación basada en una relación causal, son similares a dos de los que aparecen en el texto de Weston: argumentos por analogía y argumentos de relación causal. Sin embargo, podríamos argüir que la argumentación basada en una relación sintomática y los argumentos basados en la autoridad son semejantes. Pues para formar un argumento basado en relaciones sintomáticas los datos o signos que ayudan a formar el argumento deben estar basados en autoridades que puedan avalar esos síntomas o signos.

De igual modo, se podría decir que los argumentos a través de ejemplos son una subcategoría de la argumentación basada en una relación de analogía. Y, aunque, Van Eemeren no hace explícito la forma deductiva de argumentar, sí la desarrolla de alguna manera las fórmulas lógicas que Weston enuncia: modus ponens, dilema, etc., en sus explicaciones de los esquemas argumentativos que propone.

Conclusiones

Ambos textos son complementarios y muy seguramente algunos otros se les pueden unir para ofrecer un panorama general de la importancia de saber argumentar, así como para conocer métodos para formular argumentos válidos y sólidos. Esto con la finalidad de tener mejores discusiones o investigaciones que nutran el avance humano y nos guie por mejores derroteros.

Bibliografía.

    Weston, A., (2006). Las claves de la argumentación, [trad. Jorge F. Malem], Ariel, Barcelona, España.

    Van Eemeren, F., Grootendorst, R., Snoek H., F. (2006). Argumentación: análisis, evaluación, presentación, [trad. Roberto Marafioti], Editorial Biblos, Buenos Aires, Argentina.



[1] Weston, A., (2006). Las claves de la argumentación, p. 12.

[2] Ibídem, p. 11.

[3] Van Eemeren, F., et al. (2006). Argumentación: análisis, evaluación, presentación, p. 100.

[4] Weston, A., op. cit., p. 47.

[5] Ibídem, p. 57.

[6] Ibídem, p. 67.

[7] Ibídem, pp. 79 – 80.

[8] Van Eemeren, F., et al, op cit., p. 101.

[9] Ibídem, p. 103.

[10] Ídem.

[11] Ibídem, p. 105.

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