El Transhumanismo y el Posthumanismo son también un humanismo (especista)

 

UNAM – FFyL

Cervantes Carreto Eduardo

El Transhumanismo y el Posthumanismo son también un humanismo (especista)

Este breve ensayo tiene como finalidad especular sobre el vacío que hay entorno al sujeto de los procesos de experimentación que se necesitan para llegar a los estados que el transhumanismo y el posthumanismo desean, pues, en tanto que se postulan como propuestas filosóficas y científicas, necesitan de una validación empírica, es decir, de experimentos reproductibles.

En ese sentido, surge la pregunta: ¿qué sujeto es apto para la experimentación? La respuesta, aunque no aparezca en los libros sobre el transhumanismo,[1] es obvia si se considera que el humanismo, filosofía de la que parten las dos doctrinas mencionadas con antelación, hace un sesgo entre los seres humanos y el resto de los animales, con el cual se ha querido fundamentar[2] que aquéllos son superiores a estos últimos, lo que históricamente ha conducido a una cosificación de los animales y, de este modo, se ha adquirido el poder para usarlos al antojo humano. Ahora bien, a partir de lo dicho, como hipótesis de trabajo podríamos argüir que hay un sexto nivel de crítica que no ataca los costos, consecuencias sociales o riesgos en torno a la salud y al bienestar, sino que va encaminada a criticar el antropocentrismo especista del transhumanismo y del posthumanismo.[3]

            Los dos objetivos centrales por los que se conducirá esta investigación son, el primero, una caracterización de las doctrinas ya mencionadas, es decir, narrar tanto sus propósitos como sus medios para lograrlo y, segundo, abonar argumentos, desde la propia caracterización, para probar nuestra hipótesis.

Cuando Pico della Mirandola escribió su texto Discurso sobre la dignidad del hombre estaba cimentando las bases de una filosofía racional que confería al ser humano un lugar único dentro de toda la creación, debido a que no estaba determinado por ninguna fuerza. Así, en algunas líneas del mencionado libro se puede leer: “La naturaleza definida de los otros seres está contenida en las precisas leyes por mí prescriptas. Tú, en cambio, no constreñido por estrechez alguna, te la determinarás según el arbitrio en cuyas manos te puse [...] No te hice ni celeste ni terreno ni mortal ni inmortal, con el fin de que, como árbitro y soberano artífice de ti mismo, te plasmes y cinceles la forma que tú prefieras”.[4]

Desde esta perspectiva y otras similares, como por ejemplo, en la quinta parte del Discurso del método de Descartes donde se pude puede ver con claridad la teoría cartesiana del cuerpo como si fuera una máquina,[5] una máquina que puede perfeccionarse; es que nacen las posturas filosóficas del transhumanismo y del posthumanismo, así escribe Bostrom: “El transhumanismo tiene sus raíces en el humanismo racional”.[6]

            Cabría añadir que el transhumanismo, al declararse continuador del humanismo y heredar el postulado de la libertad creativa sobre sí, también contrae la clara demarcación entre el ser humano y los demás seres vivos, aunque el propio Bostrom escriba “con sus ilustradas raíces, su énfasis en las libertades individuales y su preocupación humanista por el bienestar de todos los seres humanos (y otros seres sintientes)...”,[7] pues en ese paréntesis sigue reinando una clara jerarquización de la vida donde no todos son privilegiados.

            Ahora bien, ¿cuál es el punto central de las doctrinas bioéticas mencionadas con antelación? De acuerdo con el Transhumanist FAQ, que es un documento escrito (y que se ha actualizado varias veces) por varios autores, como Anders Sandberg, Kathryn Aegis, Max More, Natasha Vita-More, Nick Bostrom y demás, el transhumanismo es una filosofía que piensa sobre el futuro humano, en tanto que éste está abierto a las posibilidades del mejoramiento (enhencement) a partir del desarrollo de biotecnologías. Es decir, el ser humano es considerado no como una meta evolutiva, sino como un ser, parecido al Adán de Pico, que tiene la capacidad de alterarse a sí mismo para obtener una vida plena. No obstante, como se dijo unas líneas más arriba, la particularidad de estos movimientos es que el mejoramiento de sí se da desde un punto de vista tecnológico. En otras palabras, a diferencia de posturas éticas clásicas donde la mejora se da desde el plano de lo espiritual, por ejemplo, la virtud en Aristóteles es un hábito que, si se práctica día a día, lleva al ser humano a tener resultados benéficos sobre su ser. En cambio, en el transhumanismo y en el posthumanismo se apuesta por el mejoramiento de las capacidades orgánicas, tales como la cognición, el incremento del lapso vital y las conexiones emocionales[8] desde la ciencia y los avances tecnológicos con fines parecidos a los de las éticas clásicas. Los medios pueden variar, pero algunos de los más comentados son la eugenesia, la transformación en ciborg o, incluso, la transferencia de la mente a un ordenador.

            Entonces, el transhumanismo y el posthumanismo se proclaman como doctrinas que llevarán al ser humano más allá de sus límites actuales con el fin de que éstos tengan una buena vida. Diéguez, muy optimista, escribe: “Llevará su tiempo, [...] pero la biotecnología desplegará en algún momento, según se nos dice, este enorme potencial que encierra, y entonces la vida entera estará en nuestras manos”.[9] Y, a decir verdad, Diéguez tiene razón al redactar con tanto optimismo sobre esta utopía tecnológica, más allá de lo que ya esbozaba Bacon en la Nueva Atlántida, pues ¿quién no quisiera cientos de veces más inteligente de lo que ya es? ¿Quién no quisiera vivir una gran cantidad de años sin las cargas de la vejez? ¿Quién no quisiera ver un partido, del partido que fuere, donde los atletas tuvieran capacidades muy superiores a las que ya tienen algunos deportistas de élite? ¿Quién no quisiera vivir su vida, después de la muerte (por paradójico que suene), como en el capítulo: “San Junipero” de la serie Black Mirror? La gran mayoría de nosotros firmaría después de pensarlo dos o tres veces.

            No obstante, hay una pregunta que no se ha hecho o, al menos, no se ha recaído en ella con el énfasis que merece, a saber, ¿qué sujeto será usado para la experimentación transhumana o posthumana? Y es que, por ahora, algunos entusiastas[10] podrán experimentar consigo mismos bajo los riesgos que esto conlleva, sin embargo, si se toma esta postura en serio, entonces, tendría que haber regulaciones y, como los Estados tienen muy marcado el sesgo entre el ser humano y los demás seres vivos, la mayoría de las experimentaciones recaería sobre los animales. Y no hay que ir demasiado lejos para afirmar esta hipótesis, actualmente las industrias médicas, cosméticas y alimenticias, si bien tienen ciertas limitantes sobre lo que se puede o no se puede hacer; experimentan con animales. Así se puede leer en un manual que tiene con fin último proclamar una correcta práctica experimental sobre los animales: “Afortunadamente la mayoría de las personas están preocupadas por el bienestar de los animales y, asumiendo que un cierto número de animales deben seguir siendo utilizados en la investigación biomédica, lo que desean es tener certeza de que el uso de animales no se efectúa de manera indiscriminada y sin necesidad...”,[11] y posteriormente en la argumentación añade reglamentos que deben seguirse para que los animales no sean maltratados.

            Ahora bien, de algún modo u otro, la cita anterior ofrece un poco de tranquilidad, pues, aunque los animales son usados para los fines, puramente egoístas, de los seres humanos, no son del todo maltratados en el proceso. Con esto, no estoy diciendo, por supuesto, que los hipotéticos experimentos transhumanos y posthumanos sí vayan a maltratar a nuestros vecinos “salvajes”. Empero, estoy tratando de esbozar una pregunta: ¿los animales tendrán que pasar por estos procesos, que, aunque controlados resultan traumáticos, sólo por las ansias del hombre de superarse a sí mismos?

Por recapitular un poco, lo que este ensayo pretendía era poner de manifiesto que hay algo que estas dos corrientes bioéticas de las que ya hemos hablado, en su entusiasmo, no nos están diciendo, a saber, qué sujeto será, al final del día, será el que quede sometido a la dura experimentación. Nosotros, a manera de hipótesis crítica, aducimos que el animal, que de hecho ya es utilizado en estas prácticas experimentales para nuestros propios fines, sería un candidato para cubrir esa vacante. En ese sentido, se podría abrir un sexto nivel, de acuerdo a niveles que establece Bostrom, de crítica que, en lugar, de preguntarse por condiciones de posibilidad, costos y perjuicios, confronta al transhumanismo y al posthumanismo por su supuesto especismo.    

 

 

 

Bibliografía:

-- Bostrom, N., A History of Transhumanist Thought, 2005.

En: https://nickbostrom.com/papers/history.pdf

-- Bostrom, N., Why I Want to Be a Posthuman When I Grow Up, 2006.

En: https://nickbostrom.com/posthuman.pdf

-- Descartes, R., Discurso del Método y Meditaciones metafísicas, Trad. Manuel García Morente, edición de Olga Fernández Prat, Tecnos, España, Madrid, 2013.

-- Diéguez, A., Transhumanismo. La Búsqueda Tecnológica del Mejoramiento Humano, Herder, España, 2017.

-- Pérez, C. C., Díez, M. I., García, P. (coordinadores), Introducción a la Experimentación y Protección animal, Universidad de León, España, 1999.

-- Pico della Mirandola, G., Discurso Sobre la Dignidad Humana. Una Nueva Concepción de la Filosofía, Estudio preliminar, traducción y notas de Silvia Magnavacca, Ediciones Winograd, Buenos Aires, 2008

 

 

 

             

           

 



[1] Hay una corriente transhumanista llamada: survivalist transhumanism, que parte de la novela titulada The Transhumanist Wagner del filósofo Zoltan Istvan. En ésta se tienen por base tres leyes, a saber; 1) Un transhumanista debe salvaguardar su propia existencia por sobre cualquier otra; 2) Un transhumanista debe esforzarse por lograr la omnipotencia lo más rápido posible, siempre que las acciones no entren en conflicto con la primera ley; 3) Un transhumanista debe salvaguardar el valor del universo, siempre que las acciones no entren en conflicto con las dos leyes anteriores. Aquí se puede ver que aquel que desea ser transhumano no puede experimentar sobre sí mismo, pues su propia existencia estaría en riesgo.

[2] Derrida, en el Animal que Luego Estoy Si(gui)endo, hace una crítica fortísima al modo en que los filósofos y científicos, incluso aquellos que apelan contra el humanismo, se crean propios del hombre en contraposición de lo animal para, así, darles fuerza a sus teorías, por un lado y, por otro, establecer una relación de domino.

[3] Vid., Bostrom, N., Why I Want to Be a Posthuman When I Grow Up, p. 3, existe una versión en línea que se puede consultar en: https://nickbostrom.com/posthuman.pdf.

[4] Pico della Mirandola, G., Discurso Sobre la Dignidad Humana. Una Nueva Concepción de la Filosofía, Estudio preliminar, traducción y notas de Silvia Magnavacca, Ediciones Winograd, Buenos Aires, 2008, p. 207.

[6] Bostrom, N., A History of Transhumanist Thought, p. 3. Existe una versión en línea que se puede consultar en: https://nickbostrom.com/papers/history.pdf. La traducción de la cita es mía.  

[7] Bostrom, N., Why I Want to Be a Posthuman When I Grow Up, p. 4. La traducción es mía.

[8] Para Bostrom, en Why I Want to Be a Posthuman When I Grow Up, se ofrece un amplio panorama no solo de porqué es preferible ser mejores, en sus tres rubros mencionados, de lo que ya somos o podríamos llegar ser quedándonos solamente como humanos.

[9] Diéguez, A., Transhumanismo. La Búsqueda Tecnológica del Mejoramiento Humano, Herder, España, 2017, p. 114.

[10] Consúltese: https://dangerousthings.com/. En esta página pueden encontrarse gran variedad biohackings (mecanismos que supuestamente hackean el organismo para obtener una capacidad que antes no se tenía, como, por ejemplo, poder atraer metales con las manos) con los cuales uno puede aspirar a ser posthumano.

[11] Pérez, C. C., Díez, M. I., García, P. (coordinadores), Introducción a la Experimentación y Protección animal, Universidad de León, España, 1999.

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